Palabras
del Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y
Alimentación, Francisco Mayorga Castañeda, durante su participación en el
Séptimo Foro Global Agroalimentario “Mercados, Sustentabilidad y Futuro:
Oportunidades en el Agro”.
Amigas y amigos, muy buenas tardes.
Durante la presente administración observamos
tres fenómenos significativos en el sector agropecuario.
Uno, se completó el proceso de apertura
comercial planteado en el TLCAN, desde 1994, para un periodo de 15 años.
Dos, se superó el impacto del virus A H1N1,
sobretodo en el sector porcícola.
Y tres, se está volviendo más palpable el cambio
climático en nuestro territorio, experimentando sequias y precipitaciones
extremas, en lapsos muy cortos de tiempo.
Sin embargo, el comportamiento general del
sector, medido en términos de crecimiento del PIB, crecimiento y
diversificación de exportaciones, así como estatus sanitario ha sido mejor en
los últimos cuatro años en comparación con el sexenio anterior, cuando la
economía mundial aún no entraba en receso.
Quiere decir esto que la producción y el
comercio agroalimentario están demostrando una enorme vitalidad y confirmando
el potencial del sector para convertirse en pujante motor del desarrollo
nacional.
Son estos retos tan fuertes y sucesivos,
superados con razonable éxito, los que nos revelan su capacidad de ser no un
lastre para sobrellevar, sino una “palanca” a la cual apostarle en la búsqueda
de un mejor futuro social y económico para todos los mexicanos.
Y más allá de estos indicadores, hemos ido
descubriendo otras riquezas en el seno de esta noble tierra. Una enorme
biodiversidad que, con el auxilio de la ciencia y la tecnología, incluidas la
biotecnología y la nanotecnología, puede abrir oportunidades para la producción
de alimentos, materias primas, energía y medicamentos.
En un mundo que transita aceleradamente a la
globalización y a la estandarización, encontramos un México que mantiene sus
tradiciones y raíces alrededor del campo y del mar, en el contacto cotidiano
con una naturaleza contrastante y generosa.
Tenemos entonces un país rico, una cultura
reconocida por la comunidad de naciones y un campo dinámico que está superando
retos que hace poco tiempo nos parecían insalvables.
¿Por qué, entonces, nos hemos empeñado en
difundir la imagen de un campo desolado, de campesinos migrantes, de
insaciables importadores de alimentos que no somos capaces de producir?
Porque la pobreza rural sí existe y nos
increpa; porque constatamos el deterioro de nuestros ríos y playas, de nuestros
bosques y pastizales; porque nos duele la muerte de muchos compatriotas que
nunca llegarán al suelo americano. Vivimos el contraste, la paradoja, la
complejidad de nuestro campo.
En lo personal, estoy convencido de que
podemos lograr lo segundo; que en el campo de México está la simiente de un
gran árbol cuya sombra y cobijo puede cubrir a muchos mexicanos contra el ardor
de la pobreza.
Por eso estamos planteando una reingeniería
del Programa Especial Concurrente (PEC), y en especial, del presupuesto de la
Sagarpa, para este nuevo año fiscal, con el que inauguraremos el tercer siglo
de nuestra Independencia y el segundo de la Revolución.
Un presupuesto más coordinado entre las
diferentes instancias del gobierno federal y entre los tres niveles de
gobierno; un presupuesto más dirigido a la conducción del sector que abierto a
la demanda individual de quienes tienen capacidad de gestión; un presupuesto
más orientado a la generación de bienes públicos que a compensar, a través de
bienes privados, las deficiencias en la competitividad del país. En suma, un
presupuesto para rendir cuentas claras y para convertirnos en motor de
desarrollo; no uno que sólo abone a mantener la gobernabilidad del México
bronco.
El largo y azaroso trayecto para exponernos a
la competencia con el país más poderoso del mundo tuvo como final revelarnos
nuestras debilidades y nuestras fortalezas.
Ahora que nos entregan el balance es hora de
proyectar una expansión inscrita en los mercados globales y potenciada con la
ciencia y la tecnología, la infraestructura pública, la capacitación, el
extensionismo y la organización.
Queremos que los mexicanos, aun los más
humildes, tengan la cultura y los medios para asegurar una alimentación sana y
no una dieta barata que sólo mitiga el hambre, aceptando lo que otros países no
aceptarían proporcionar a su población.
Vemos en el planeta una gran demanda de
alimentos, materias primas y energéticos que el campo mexicano es capaz de
generar. Pero necesitamos vincularnos a esos mercados a través de información,
inocuidad, promoción, generación de nuevos productos y empaques para consolidar
volúmenes y reducir costos.
A nivel doméstico, está en nuestras manos, en
este mismo sexenio, duplicar la producción de maíz amarillo, trigo panificable
y arroz; producir caña para azúcar y para etanol; duplicar el valor de nuestras
exportaciones de cárnicos; canalizar al consumo humano medio millón de
toneladas de sardina que ahora se transforman en harina y aceite de pescado.
No podemos plantearnos como meta realista
lograr la autosuficiencia alimentaria; pero sí, en el término de cinco años,
lograr el equilibrio en la balanza comercial o reducir a un 60 por ciento
nuestra dependencia de oleaginosas, actualmente del 93 por ciento.
A través de programas focalizados como el del
Trópico Húmedo y Zonas Áridas, el PESA y el PROMAF, podemos reducir la brecha
entre regiones y entre estratos de productores; a través de PROGAN, COUSSA y
Bioenergéticos, podemos hacer grandes contribuciones al medio ambiente y a
reducir CO2 y metano.
Para ello, hemos pedido la oportunidad de
ponernos de acuerdo en una nueva visión del campo mexicano. Se la hemos venido
pidiendo a los principales actores de nuestro sector: a los señores diputados y
senadores, a los secretarios de desarrollo rural de los estados, a las organizaciones
empresariales y del sector social, a los sistemas producto y a los medios de
comunicación.
A cambio de este nuevo PEC, más coordinado;
de una federalización más madura; de un mejor arreglo institucional que nos
permita llenar la “A” final de nuestro nombre, la Alimentación; de reglas
de operación amigables hacia el pequeño productor; de organizaciones campesinas
más autosuficientes; daremos toda nuestra capacidad, esfuerzo y entrega
para hacer de nuestro campo un motor de crecimiento y un contribuyente eficaz a
la seguridad, la equidad y el medio ambiente de nuestra querida patria.
Muchas Gracias.