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 Nueva visión del campo con presupuesto mejor enfocado

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México, D.F., 03 de septiembre de 2010

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Palabras del Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, Francisco Mayorga Castañeda, durante su participación en el Séptimo Foro Global Agroalimentario “Mercados, Sustentabilidad y Futuro: Oportunidades en el Agro”.



Amigas y amigos, muy buenas tardes.

 

Durante la presente administración observamos tres fenómenos significativos en el sector agropecuario.

 

Uno, se completó el proceso de apertura comercial planteado en el TLCAN, desde 1994, para un periodo de 15 años.

 

Dos, se superó el impacto del virus A H1N1, sobretodo en el sector porcícola.

 

Y tres, se está volviendo más palpable el cambio climático en nuestro territorio, experimentando sequias y precipitaciones extremas, en lapsos muy cortos de tiempo.

 

Sin embargo, el comportamiento general del sector, medido en términos de crecimiento del PIB, crecimiento y diversificación de exportaciones, así como estatus sanitario ha sido mejor en los últimos cuatro años en comparación con el sexenio anterior, cuando la economía mundial aún no entraba en receso.

 

Quiere decir esto que la producción y el comercio agroalimentario están demostrando una enorme vitalidad y confirmando el potencial del sector para convertirse en pujante motor del desarrollo nacional.

 

Son estos retos tan fuertes y sucesivos, superados con razonable éxito, los que nos revelan su capacidad de ser no un lastre para sobrellevar, sino una “palanca” a la cual apostarle en la búsqueda de un mejor futuro social y económico para todos los mexicanos.

 

Y más allá de estos indicadores, hemos ido descubriendo otras riquezas en el seno de esta noble tierra. Una enorme biodiversidad que, con el auxilio de la ciencia y la tecnología, incluidas la biotecnología y la nanotecnología, puede abrir oportunidades para la producción de alimentos, materias primas, energía y medicamentos.

 

En un mundo que transita aceleradamente a la globalización y a la estandarización, encontramos un México que mantiene sus tradiciones y raíces alrededor del campo y del mar, en el contacto cotidiano con una naturaleza contrastante y generosa.

 

Tenemos entonces un país rico, una cultura reconocida por la comunidad de naciones y un campo dinámico que está superando retos que hace poco tiempo nos parecían insalvables.

¿Por qué, entonces, nos hemos empeñado en difundir la imagen de un campo desolado, de campesinos migrantes, de insaciables importadores de alimentos que no somos capaces de producir?

 

Porque la pobreza rural sí existe y nos increpa; porque constatamos el deterioro de nuestros ríos y playas, de nuestros bosques y pastizales; porque nos duele la muerte de muchos compatriotas que nunca llegarán al suelo americano. Vivimos el contraste, la paradoja, la complejidad de nuestro campo.

 

En lo personal, estoy convencido de que podemos lograr lo segundo; que en el campo de México está la simiente de un gran árbol cuya sombra y cobijo puede cubrir a muchos mexicanos contra el ardor de la pobreza.

Por eso estamos planteando una reingeniería del Programa Especial Concurrente (PEC), y en especial, del presupuesto de la Sagarpa, para este nuevo año fiscal, con el que inauguraremos el tercer siglo de nuestra Independencia y el segundo de la Revolución.

 

Un presupuesto más coordinado entre las diferentes instancias del gobierno federal y entre los tres niveles de gobierno; un presupuesto más dirigido a la conducción del sector que abierto a la demanda individual de quienes tienen capacidad de gestión; un presupuesto más orientado a la generación de bienes públicos que a compensar, a través de bienes privados, las deficiencias en la competitividad del país. En suma, un presupuesto para rendir cuentas claras y para convertirnos en motor de desarrollo; no uno que sólo abone a mantener la gobernabilidad del México bronco.

 

El largo y azaroso trayecto para exponernos a la competencia con el país más poderoso del mundo tuvo como final revelarnos nuestras debilidades y nuestras fortalezas.

 

Ahora que nos entregan el balance es hora de proyectar una expansión inscrita en los mercados globales y potenciada con la ciencia y la tecnología, la infraestructura pública, la capacitación, el extensionismo y la organización.

 

Queremos que los mexicanos, aun los más humildes, tengan la cultura y los medios para asegurar una alimentación sana y no una dieta barata que sólo mitiga el hambre, aceptando lo que otros países no aceptarían proporcionar a su población.

 

Vemos en el planeta una gran demanda de alimentos, materias primas y energéticos que el campo mexicano es capaz de generar. Pero necesitamos vincularnos a esos mercados a través de información, inocuidad, promoción, generación de nuevos productos y empaques para consolidar volúmenes y reducir costos.

 

A nivel doméstico, está en nuestras manos, en este mismo sexenio, duplicar la producción de maíz amarillo, trigo panificable y arroz; producir caña para azúcar y para etanol; duplicar el valor de nuestras exportaciones de cárnicos; canalizar al consumo humano medio millón de toneladas de sardina que ahora se transforman en harina y aceite de pescado.

 

No podemos plantearnos como meta realista lograr la autosuficiencia alimentaria; pero sí, en el término de cinco años, lograr el equilibrio en la balanza comercial  o reducir a un 60 por ciento nuestra dependencia de oleaginosas, actualmente del 93 por ciento.

 

A través de programas focalizados como el del Trópico Húmedo y Zonas Áridas, el PESA y el PROMAF, podemos reducir la brecha entre regiones y entre estratos de productores; a través de PROGAN, COUSSA y Bioenergéticos, podemos hacer grandes contribuciones al medio ambiente y a reducir CO2 y metano.

 

Para ello, hemos pedido la oportunidad de ponernos de acuerdo en una nueva visión del campo mexicano. Se la hemos venido pidiendo a los principales actores de nuestro sector: a los señores diputados y senadores, a los secretarios de desarrollo rural de los estados, a las organizaciones empresariales y del sector social, a los sistemas producto y a los medios de comunicación.

 

A cambio de este nuevo PEC, más coordinado; de una federalización más madura; de un mejor arreglo institucional que nos permita llenar la “A” final de nuestro nombre, la Alimentación;  de reglas de operación amigables hacia el pequeño productor; de organizaciones campesinas más autosuficientes; daremos toda nuestra capacidad, esfuerzo y entrega  para hacer de nuestro campo un motor de crecimiento y un contribuyente eficaz a la seguridad, la equidad y el medio ambiente de nuestra querida patria.

 

Muchas Gracias.



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CGCS 2010-D903 Última modificación:
04 de septiembre de 2010 a las 15:22, por Coordinación General de Comunicación Social